Carteles. Bases de datos. Viajes al centro del más crudo invierno. Visitas fallidas a los amigos. Romanceros viejos. Traducciones al francés que no respetan ni el formato ni el número máximo de palabras. NO. Manos. Clases. Trabajo a deshora. Exposiciones. Búsquedas infructuosas de CDs que juegan muy bien al escondite. Noticias. Herramientas comerciales. Newsletters. Spotifies. Presentaciones. Piercings en el cartílago derecho. NO TENGO. Atrezzo cuentacuentero. Neuronas decorativas. Videoclips. Grabaciones en el metro. Ay mísero de mí. Visitas al taller. Bonos de 10 viajes. Sentadillas infernales y sádicas entrenadoras. Clown. Retoques de imagen. Búsqueda de vestidos y bosques. Carreras. Camisetas del Ché y pijamas homenaje al monstruo bajo la cama. NO TENGO TIEMPO, PARA! Experiencias irrepetibles. Gordas Traicioneras. Mariposas. CDs para el coche. Infusiones de Tomillo. Hojas de precios de color rosa. Gorros para el viento... y para la lluvia... y para la nieve. Charlas costarricenses. El Conde Olinos. Segismundo. Como incrementar la satisfacción del cliente. Rutas. Improvisaciones. Cines fallidos y resignación ante la falta de butacas. Críticas literarias. Apuntes teatrales. Monólogos a coro. ¿He puesto apuntes? Blanco teñido de rojo sangre. Negro sobre blanco. NO TENGO TIEMPO PARA ACTUALIZAR.
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miércoles, 17 de febrero de 2010
domingo, 7 de febrero de 2010
Firma invitada
He comenzado a colaborar con "Un libro al día", un blog definido por sus creadores como "un blog sobre libros, escrito por gente a la que le apasionan los libros" Cada día recoge una nueva crítica y cada cierto tiempo aparecerá una colaboración mía como firma invitada. He comenzado con "Wicked", los que me conocéis sabéis que no podía ser de otro modo :-)
"...Había en ella una expectativa, pero no intuición -¿sería eso?- como si a un niño que no recuerda haber soñado nunca le hubiesen deseado felices sueños. Casi podía describirse como cruda, sin refinar, pero no en el sentido social, sino más bien como si la naturaleza no hubiese completado su trabajo con Elphaba, como si no hubiese conseguido que se pareciera lo suficiente a sí misma".
Si os apetece leer la crítica podéis hacerlo AQUÍ
Y si os gustan los libros pasaros por allí, os encantará.
Besos literatos.
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"...Había en ella una expectativa, pero no intuición -¿sería eso?- como si a un niño que no recuerda haber soñado nunca le hubiesen deseado felices sueños. Casi podía describirse como cruda, sin refinar, pero no en el sentido social, sino más bien como si la naturaleza no hubiese completado su trabajo con Elphaba, como si no hubiese conseguido que se pareciera lo suficiente a sí misma".
Si os apetece leer la crítica podéis hacerlo AQUÍ
Y si os gustan los libros pasaros por allí, os encantará.
Besos literatos.
jueves, 28 de enero de 2010
Atención, estación en curva...
A veces se lleva un libro para disimular, hace que lo lee, pero únicamente para no incomodar.
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Prefiere observar, preguntarse e imaginarse hacia dónde se dirige el caballero del paraguas o para quién se maquilla la señora del jersey rojo.
Sabe que no es el único que usa el metro y sus ocupantes como musa, pero no le preocupa, hace tiempo que el fin dejo paso al cómo y se deleita en esas mañanas bajo tierra que le proporcionaran el siguiente relato.
Evita las horas punta, repletas de bostezos y pocas ganas, a no ser que tenga que entregar un artículo cuanto antes para poder pagar la factura de la luz. Pero cuando la situación económica se lo permite, prefiere trayectos menos frecuentados, horas menos comunes, protagonistas de viajes ocasionales, que no se saben la línea de memoria ni son capaces de dormir hasta su estación y despertarse segundos antes de que el vagón abra sus puertas.
Disfruta con esos pequeños descubrimientos, como el pequeño que sube por primera vez en metro de la mano de su padre, o la quinceañera que, nerviosa por hacer pellas, se abraza a su carpeta mientras juega con un pequeño papel lleno de dobleces. Reconoce perfectamente al que tiene que coger el metro porque se le estropeó el coche y al joven que, habiendo sitios libres, se sienta en el suelo, como acto de rebeldía y distinción.
En su cuaderno, hojas y hojas con descripciones sobre el ocupante del día, teorías sobre lo que hacía en el metro, hacia dónde se dirigía... inventa finales felices, encuentros inolvidables o destinos dramáticos, regala una vida probablemente distinta a quien de forma inconsciente le presta la suya.
Busca historias, mientras se crea una propia.
Sabe que no es el único que usa el metro y sus ocupantes como musa, pero no le preocupa, hace tiempo que el fin dejo paso al cómo y se deleita en esas mañanas bajo tierra que le proporcionaran el siguiente relato.
Evita las horas punta, repletas de bostezos y pocas ganas, a no ser que tenga que entregar un artículo cuanto antes para poder pagar la factura de la luz. Pero cuando la situación económica se lo permite, prefiere trayectos menos frecuentados, horas menos comunes, protagonistas de viajes ocasionales, que no se saben la línea de memoria ni son capaces de dormir hasta su estación y despertarse segundos antes de que el vagón abra sus puertas.
Disfruta con esos pequeños descubrimientos, como el pequeño que sube por primera vez en metro de la mano de su padre, o la quinceañera que, nerviosa por hacer pellas, se abraza a su carpeta mientras juega con un pequeño papel lleno de dobleces. Reconoce perfectamente al que tiene que coger el metro porque se le estropeó el coche y al joven que, habiendo sitios libres, se sienta en el suelo, como acto de rebeldía y distinción.
En su cuaderno, hojas y hojas con descripciones sobre el ocupante del día, teorías sobre lo que hacía en el metro, hacia dónde se dirigía... inventa finales felices, encuentros inolvidables o destinos dramáticos, regala una vida probablemente distinta a quien de forma inconsciente le presta la suya.
Busca historias, mientras se crea una propia.
domingo, 3 de enero de 2010
Lora
Lora se ha teñido el pelo de rojo para que no vuelvan a perderla sus amigas en las rebajas de enero. Su primera compra del año, unas gafas en forma de corazón y con los cristales rosas, indispensables para ver el 2010 que empieza con el color adecuado. Se ha pedido de regalo volver a creer en los Reyes Magos y piensa autosorprenderse con horas de ilusión y sueños despierta (ya sabes, por si la gente no acierta y los orientales siguen con eso de la Mirra y el Incienso).
Su lista de propuestas se ha quedado vacía esta vez, no piensa frustrarse pensando en lo que pudo cumplir y prefiere felicitarse por todo lo que consiga sin presiones ni propias ni ajenas.
Lora ha decidido enamorarse este año, de la vida, de esa vida que está harta de escuchar que tiene que ganarse. De esa que para algunos es perra y para otros es mala. Esa vida que te da sorpresas, que si la cantas es loca y si la lees es sueño...
Así que se pondrá sus mejores galas, lucirá su mejor sonrisa y proclamará a los cuatro vientos que el amor es grande y que si amas la vida, ella te da su mejor abrazo y te agarra cuando aparezcan charcos que sortear.
Se volverá valiente y saltará sin red, sin probar antes si el agua está fría, sin perder el tiempo pensando en el que dirán, porque no quiere desperdiciar ni un minuto de vuelo.
Y eso, como bien sabe Lora, no hay canción ni libro que te lo pueda enseñar.
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Su lista de propuestas se ha quedado vacía esta vez, no piensa frustrarse pensando en lo que pudo cumplir y prefiere felicitarse por todo lo que consiga sin presiones ni propias ni ajenas.
Lora ha decidido enamorarse este año, de la vida, de esa vida que está harta de escuchar que tiene que ganarse. De esa que para algunos es perra y para otros es mala. Esa vida que te da sorpresas, que si la cantas es loca y si la lees es sueño...
Así que se pondrá sus mejores galas, lucirá su mejor sonrisa y proclamará a los cuatro vientos que el amor es grande y que si amas la vida, ella te da su mejor abrazo y te agarra cuando aparezcan charcos que sortear.
Se volverá valiente y saltará sin red, sin probar antes si el agua está fría, sin perder el tiempo pensando en el que dirán, porque no quiere desperdiciar ni un minuto de vuelo.
Y eso, como bien sabe Lora, no hay canción ni libro que te lo pueda enseñar.
martes, 8 de diciembre de 2009
El Señor Snoozer
Siempre recuerdo al Señor Snoozer diciendo que el suyo era uno de los trabajos más desagradecidos del mundo. Cuando se sentaba, hacía un leve gesto de dolor y se frotaba las rodillas; "la edad y la humedad no son buenas amigas", susurraba cansado mientras una sonrisa triste adornaba su rostro.
Después, mientras encendía su pipa con la lentitud y el cuidado propios del más solemne de los rituales, comenzaba ese discurso que siempre encabezaba los ratos que pasabamos juntos: "A la gente que vive deprisa no le gusta nada perder el tiempo, así que imaginad lo que les parece eso de tener que pagarlo en forma de impuesto por no disfrutarlo como es debido".
Y como cada tarde, nos hablaba de lo descorazonador que le resultaba llamar a algunas puertas para cobrar sus tributos, recibir esas miradas frías y airadas cuando reclamaba los minutos desperdiciados en enfados, frustraciones y tristezas varias. "Lo siento, señora Struddel -decía con la resignación de quien acepta que su destino es recibir malas caras- pero no fui yo quien el 17 de octubre se pasó más de 23 minutos quejándose porque el bebé de su vecina se reía demasiado. Consuélese pensando que estos 23 minutos que ahora me llevo se destinarán a pintar de colores las nubes de un cielo color turquesa". Pero la gente nunca se consolaba con las palabras del Señor Snoozer, y él se llevaba un frío portazo tras cada fría mirada.
Y aún así, seguía levantándose cada mañana para llevar a cabo su misión, porque sabía que si el sol brillaba un poquito más alguna mañana, era gracias a que él llamaba a las puertas de aquellos que no lo apreciaban para cumplir con su misión.
A pesar de tener el trabajo más desagradecido del mundo.
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Después, mientras encendía su pipa con la lentitud y el cuidado propios del más solemne de los rituales, comenzaba ese discurso que siempre encabezaba los ratos que pasabamos juntos: "A la gente que vive deprisa no le gusta nada perder el tiempo, así que imaginad lo que les parece eso de tener que pagarlo en forma de impuesto por no disfrutarlo como es debido".
Y como cada tarde, nos hablaba de lo descorazonador que le resultaba llamar a algunas puertas para cobrar sus tributos, recibir esas miradas frías y airadas cuando reclamaba los minutos desperdiciados en enfados, frustraciones y tristezas varias. "Lo siento, señora Struddel -decía con la resignación de quien acepta que su destino es recibir malas caras- pero no fui yo quien el 17 de octubre se pasó más de 23 minutos quejándose porque el bebé de su vecina se reía demasiado. Consuélese pensando que estos 23 minutos que ahora me llevo se destinarán a pintar de colores las nubes de un cielo color turquesa". Pero la gente nunca se consolaba con las palabras del Señor Snoozer, y él se llevaba un frío portazo tras cada fría mirada.
Y aún así, seguía levantándose cada mañana para llevar a cabo su misión, porque sabía que si el sol brillaba un poquito más alguna mañana, era gracias a que él llamaba a las puertas de aquellos que no lo apreciaban para cumplir con su misión.
A pesar de tener el trabajo más desagradecido del mundo.
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